Las pornostars también se enamoran

  • 2nd Junio 2016
  • sexo

Las pornostars también se enamoran (relato)

Era domingo y con un aburrimiento infernal una amiga me llamó para ir de fiesta desde las primeras horas de la tarde. Yo no sabía que en uno de los locales o discoteca del puerto marítimo de Barcelona hacían una especie de matiné o fiesta cubana donde aparte de música en directo también había comida cubana y más cosas.
A mí que me gusta todo lo que es latino, ya que durante mi tiempo en Colombia grabando películas porno, me encanto ese tipo de cultura y los colombianos en cuestión de fiestas se parecen mucho a los cubanos, me decidí a pasar una tarde divertida.
Llegamos mi amiga y yo a la disco y como casi siempre resulte ser la sensación del lugar, enseguida me reconocieron algunos fans míos como pornostars y por supuesto el encargado de la sala junto con el propietario me invitaron a pasar a la zona VIP en donde no me falto de nada y por supuesto todo iba por la casa.
Al poco tiempo de estar ahí se me acerca el chico que hace las fotos para las redes sociales del local y aprovecha para comentarme que el dueño de una revista famosa en Barcelona acababa de llegar, si me apetecía me lo presentaba. Yo accedí a conocerlo y a los 5 minutos se aparece él, “el papi de la tarde”, el hombre que sin yo saberlo iba a cambiar mi vida al menos en ese instante. Tan solo llegar se presenta y al yo decirle mi nombre enseguida me dijo que ya nos conocíamos.
Resulta que hace tres años atrás justo cuando yo empecé en el mundo del porno, en el Festival Erótico de ese año en Barcelona, él como medio de prensa me hizo una entrevista, al recordármelo vino a mi mente la portada de una de las revistas que en esa época él me dio y me llamo la atención, pues tenía en portada a una chica impresionante y desde ese instante mi sueño era aparecer en esa revista.
Cosas de la vida estaba otra vez frente a mí a esa persona que podía hacer realidad mi sueño de ser portada y sin dudarlo se lo propuse, a lo que él me dijo que eso lo hablábamos después, que aún recién empezaba la fiesta y que lo que él tenía seguro era que esa noche nos marcharíamos juntos.
Esa firmeza y convicción me impacto y realmente me puso cachonda, por un momento me olvide que era una de las pornostars más famosas de España y empecé a sentir cosas que como mujer normal y corriente hacia mucho que no sentía.

 
Paso la tarde, llego la noche y él seguía al lado mío, bailando o atendiéndome con cariño y con miradas de pasión. Yo que soy inquieta le dije que iba a visitar otros locales que le avisaba cuando me marchaba para despedirme a lo que repitió que él se marcharía junto conmigo a la hora que fuera.
Dicho y hecho, me fui de local en local, y a la hora de marcharme lo llame y allí estaba en la disco esperándome. Se acercó hasta donde yo estaba y mi pregunta fue directa:- “en tu casa o en la mía”. El respondió que en la mía y rápido cogimos un taxi. Al llegar a mi casa entramos y mientras él me esperaba en mi habitación yo me di una ducha refrescante. Al terminar y entrar en mi habitación solo cubierta con una toalla y verlo a él de pie parado y mirándome fijamente, mi toalla por arte de magia cayó al suelo y sin medir las consecuencias nos fundimos en un sexo salvaje sobre la cama y parte de la habitación. A las cuatro horas cuando terminamos y ya en la mañana del siguiente día, comenzamos hablar de la portada y de lo que había pasado. El solo me dijo que sería para el de mucho placer hacerme el amor cada día y porque no intentar hacerme feliz. Yo olvidándome que soy una pornostars le propuse ir despacio y él lo acepto.
Al día siguiente quedamos para ir a cenar comida cubana y la verdad entre la cena, la noche apasionada de sexo desenfrenado anterior y su mirada cautivadora comencé a sentir cosas que hacía mucho tiempo no sentía. Por lo que me vino la duda de si ¿estaría yo comenzándome a enamorar? La respuesta no la sé, solo puedo decir que hemos seguido viéndonos y cada vez deseo estar más a su lado. ¿Sera amor, será pasión, será gusto?, no sé. Sea lo que sea, ¿yo también tengo derecho a enamorarme, no?

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